El estudio interdisciplinario de la música desde la antropología y la neurociencia
- lizmiav

- 16 oct 2023
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La conceptualización de la música ha implicado diversidad de complicaciones derivado de ser un fenómeno complejo que puede ser abordado desde distintas disciplinas. Por una parte, se puede estudiar desde la técnica instrumentista, solfeo, apreciación musical, etc. como lo hace la musicología, o como un fenómeno social, lo que implicaría su evaluación desde su relación con la cultura como la abordan la antropología musical y etnomusicología, así como entrar a la conceptualización semiótica , estética y análisis de relaciones de poder. Otra posibilidad sería a nivel del sujeto, lo que implica los efectos que ocasiona a nivel cerebral y corporal la música como lo aborda la neurociencia, musicoterapia o sonoterapia, así como los estudios de psicología e incluso, es este tenor, podríamos explorar la visión psicoanalítica de la música. El presente ensayo tiene la intención de enlazar la perspectiva de análisis a nivel social y la subjetiva de la conceptualización de la música, lo que permitiría percibir que, si bien los campos de estudios son distintos y cada uno se especializa en sus propias indagaciones, no son contradictorios entre ellos sino complementarios.
Alguien que a mi parecer aborda esta interdisciplinariedad de la música a nivel contextual y subjetivo, es Cross (2010), para quien la música ha mantenido funciones similares a las del lenguaje para el ser humano a través de su historia, abarcando, sin embargo, un campo de significaciones más natural e indeterminada que la misma lengua; un medio de comunicación que permite la colectividad y la espiritualidad. Pese a la concepción hedónica del significado de la música promovida por la musicología (centrada principalmente en las caracterizaciones occidentales), realmente ésta adquiere otros rasgos en otras culturas; cada una la dota de determinado sentido, e incluso en algún punto podría determinarse que la música participa activamente en la formación de las mismas. Cross menciona algunas de las características compartidas entre la música y el lenguaje:
“La música y el lenguaje comparten varios rasgos, particularmente con respecto a la estructura: ambos presentan secuencias temporales complejas que pueden exhibir recursión; ambos dependen de modelos de organización de algunas de las variables discretas y continuas en el sonido (y tal vez en el gesto) para sus efectos; ambos parecen tener un grado de generatividad reflejado en el hecho de que el número infinito de expresiones complejas que pueden formarse en ambos dominios parece ser representable como consecuencia de la aplicación de un set finito de reglas propio de cada dominio; y ambos parecen compartir al menos algunos sustratos neurológicos” (p.13)

Sin embargo, no parecen funcionar de la misma forma; si bien el lenguaje tiene la capacidad de expresar concretamente una idea de manera fundada y directa, la música pareciera carecer de dicha formalidad al tener significaciones ambiguas, sin embargo, esta indeterminación demuestra su efectividad en dinámicas de incertidumbre social; es decir, en momentos que requieren una apertura semántica a la sensibilidad emocional de una colectividad, y que genera significado a partir de ella y afiliación interpersonal; la música es lo que suena.
Para los fines de este ensayo, lo que más interesa es que para el autor, la música se extiende en diversas dimensiones. Por una parte, la fundada en el contexto social y cultural en el que surge (el de la cultura enactiva), la biológica que iría más enfocada en la relación de la música y la respuesta afectiva y la efectividad de ésta como procedimiento de inducción de estados de ánimo (MIP) (estructural-motivacional) y la que pareciera determinar la actitud del músico para la actividad comunicativa mediante determinados rasgos que parecieran ser actitudinales o pragmáticos (socio-intencional), siendo estas dos últimas las que dotan de indeterminación semántica a la música, lo que el autor denomina como intencionalidad flotante. Sin embargo, Cross enfatiza la importancia del entrainment, la capacidad enraizada en la música de alineación de acción y sonidos de los sujetos en un marco de tiempo con pulsos regulares y experiencia delimitada.

Dentro de la dimensión contextual y socio-intencional, quisiera mencionar los estudios de Bruno Nettl (2005), quien considera que la etnomusicología parte del estudio de la música y la cultura, basándose en la definición de Alan Murray de cultura, concibiéndola como “el todo complejo que incluye conocimiento, creencias, arte, moral, leyes, costumbres y cualquier capacidad o hábito adquirido por el hombre como miembro de la sociedad”. Esta definición implica que es una totalidad con muchos componentes que incluye tanto las formas de percepción humana del mundo, como formas humanas desarrolladas para la convivencia y que son aprendidas por las personas como miembros de una colectividad. Desde esta perspectiva, la música tiene una función particular dependiendo de la sociedad en la que se desarrolle.
La música se ha estudiado principalmente desde tres enfoques: la música dentro del contexto cultural que incluiría el enfoque de la musicologia basado principalmente en las formas, técnicas y experiencias musicales, viendo la cultura como algo estático y enfocado en concepciones occidentales ; la música en la cultura (historia y etnografía) que se enfoca más en una visión holística de la cultura y su influencia en la música; y la música como cultura que sería la visión Antropológica que se enfoca en aprehender la cultura y denotar cómo la música se ajusta a su estructura y carácter general, destacando la visión cambiante de la cultura. Para el autor las tres dimensiones se interrelacionan, sin embargo, si bien es cierto que la musicología no ha abordado a profundidad el tema de la cultura, sí lo reconoce, mientras que la antropología ha hecho de lado el estudio de la música, quizás derivado de la creencia de la necesidad de saberes técnicos de la misma para su análisis.
El estudio de la relación de la música con la cultura, generalmente considera que hay una mayor influencia del segundo en el primero, y se han generado distintas teorías:
1) El enfoque enumerativo o la etnología considera que dentro de la cultura existe un número separado de componentes interrelacionados en grupos de dominios separables que tienen su propia relación con la música, lo que permite su estudio independiente, proponiendo una serie de tipologías que permiten la descripción comparativa. En la década de los ochentas se centraron en el evento musical.
2) Este enfoque universalista busca la función de la música en el todo complejo de la cultura, considerando que la misma está conformada por relaciones entre dominios que se interrelacionan y contribuyen en el funcionamiento del otro, siendo la música uno de ellos y cumpliendo una función particular en cada sociedad
3) Esta visión recarga la formación de la cultura y la música en el control de energías que desarrollan tecnología y que establecen un conjunto de valores, así como la ideología y estructura social. En cuestión musical, la tecnología determina el tipo de instrumentos y arquitectura destinados para la actividad musical. La diferenciación intercultural y la relación entre la naturaleza de la cultura y sociedad y la naturaleza del estilo musical y sus conceptos requieren de la evaluación de otros parámetros como es la división de trabajos y oportunidades de especialización musical; la organización social que determina el tipo de relación entre los músicos, así como el funcionamiento dentro de una agrupación.
4) Este modelo propone que el contexto cultural define no sólo las formas musicales sino el concepto de música en sí, que definiría el concepto, conducta, sonido y sus valoraciones.
5) Se ve la cultura como algo cambiante, al igual que sus relaciones, la música actúa como resultado y reflejo, incluso como ejecutante en las relaciones de poder.
Asimismo, existen tres formas de abordar la relación música -cultura desde una perspectiva histórica; por una parte, la de interfaz emic etic, donde emic refiere a sistemas cuyas cosas se construyen a través de los contrastes y discriminaciones aceptadas y etic son las afirmaciones comprobadas. Ambas se interrelacionan culturalmente, pero habría que evaluar los parámetros culturales que dirijan distinciones conceptuales conductuales y acústicas de la música; otra sería la que confronta el determinismo contra funcionalismo, esto bajo la premisa de que el carácter de la cultura vista como un todo afecta las ideas y el comportamiento de la música, y en donde la corriente funcionalista sostiene que dicha interacción es constante y casi inmediata, mientras que el determinismo considera que es un cambio es gradual. Finalmente tenemos la controversia comparativismo/particularismo que busca la topología de las relaciones música/cultura, cuestionando si habrá una ley universal que la describa o si cada caso es particular.

Dentro de la dimensión de MIP, podríamos destacar que una parte de la neurociencia está enfocada en el estudio de las sensaciones y emociones que produce la música en nuestro cerebro, esto al considerarse que la música activa prácticamente todas las partes del mismo. La escucha de una pieza musical conlleva el trabajo de los dos lóbulos temporales, mecanismos atencionales y memorísticos, lo que permite que el cerebro analice diversos parámetros como las alturas, el ritmo, los timbres de forma individual, que al final termina conformando un todo.
Para Jauset Berrocal (2008), la armonía de una música está determinada por la cultura y la evolución. “la música no es más que la sensación agradable que somos capaces de percibir como resultado de la energía acústica que se propaga a través de un medio, formada por multitud de frecuencias que dan lugar a un determinado espectro, y originada por las vibraciones de determinados cuerpos u objetos” (p.26).
Para el autor, la música ha sido acompañante del hombre desde sus inicios, generando una necesidad de la misma y la voz fue probablemente el primer instrumento musical utilizado. Tal fue el caso de los mantras, que son sonidos de la voz que conceden a la mente determinado estado de conciencia. El sonido tiene su origen en la vibración (movimiento, liberación o manipulación energética) que requiere de ciertas decodificaciones para su percepción; es lo audible para el oído humano y para ello se requiere un foco emisor, un medio de transmisión elástico y un receptor, asimismo, el tacto y otros sistemas dentro del cuerpo humano son capaces de percibir las vibraciones sonoras. El cuerpo humano como tal es percibido como una máquina rítmica multidimensional que mantiene una armonía, incluso hay estudios de Harvard que indicarían que un desacorde entre las variables fisiológicas denotan una enfermedad. Para entender un poco más de esto, habrá que hacer un análisis superficial del funcionamiento del cerebro.
El cerebro humano es un órgano que forma parte del encéfalo y es el más importante de nuestro organismo, encargado de dirigir su funcionamiento y dando origen a funciones cognitivas, emocionales y de sentimentales, requiriendo entre el 20% y 25% de la energía corporal y de la ingesta de glucosa y oxígeno para su funcionamiento, así como culminando su formación de los primeros tres a cinco años de vida de los sujetos. Está envuelto por córtex cerebral, dividido en 4 lóbulos (frontal, parietal, occipital y temporal) que protege el sistema límbico y el lóbulo temporal, que es donde se controlan las sensaciones auditivas.
Por su parte, el cerebelo también conforma un aparte del encéfalo, encargándose de las funciones motoras de fibras musculares y el equilibrio, así como cumple funciones cognitivas como es la atención, e interviene en el procesamiento del leguaje y la música. Dentro del cerebro caben destacar partes como el neocortex, encargado de capacidades y actividades cognitivas y siendo la parte más inteligente y base de la autoconciencia, la que piensa, planifica y toma decisiones, y el sistema límbico que es el encargado de los comportamientos básicos derivados de nuestros instintos y supervivencia y de las reacciones emocionales.
Asimismo, el cerebro está dividido en dos hemisferios separados por una fisura longitudinal y que, pese a realizar funciones diferentes, son complementarios entre sí y se comunican mediante el cuerpo calloso. El hemisferio derecho está relacionado con la intuición, creatividad, actividades artísticas y musicales; con comprensión de melodías, percepción de timbres y contenidos emocionales del lenguaje, etc. Por su parte, el izquierdo está enfocado en las actividades de razonamiento, planificación, lógica, de lenguaje y aritmética; procesamiento del ritmo y los tonos. De tal forma que en la actividad musical, se ven integradas diversas partes del cerebro correspondientes a ambos hemisferios que permite un equilibrio dinámico entre sus capacidades; la melodía se trabaja por ambos hemisferios pero de formas diferentes, el derecho enfocado en el contorno y percibiéndola de forma holística y el izquierdo enfocado en los intervalos y el análisis de la misma.
A nivel celular, el sistema nervioso está compuesto principalmente de las células de glía y de neuronas que a su vez están constituidas cuerpo neuronal, axón, dendritas y terminaciones sinápticas y son las encargadas del pensar, del movimiento y del sentir, y cuyas conexiones se realizan mediante impulsos electroquímicos. Asimismo, los neurotransmisores son las sustancias químicas encargadas de la regulación de las emociones. Por su arte, la plasticidad es la capacidad que tiene el cerebro de realizar nuevas conexiones neuronales a través de vivencias o creencias; nuevos estímulos generan nuevas conexiones cerebrales, siendo que el cerebro tiene más plasticidad durante los primeros cinco años y la neurogénesis es la capacidad que tiene el cerebro de generar nuevas neuronas en el hipocampo. Sin embargo, el ser humano desarrolla estas conexiones durante toda su vida, por lo que es prácticamente imposible la repetición de dos ejemplares derivado de la historia personal, genética, biológica y social. Finalmente, está comprobado que nuestro cerebro genera impulsos eléctricos derivado de los la actividad de las conexiones neuronales entre las que se destacan las ondas GAMMA (atención, aprendizaje y conciencia), BETA (estados de concentración, sueño), ALPHA (cuando disminuye la actividad cerebral relajación), THETA (actividad lenta que favorece la creatividad y actividad del inconsciente, estado de armonía) y DELTA (frases profundas de sueño sin sueño y en meditaciones). Durante la actividad musical, las que más se generan son las ALPHA.

Desde la antigüedad (S. VIII a.C- V d.C), la utilidad de la música estaba enfocada en la curación mágica y la divinidad como era el caso de Mesopotamia, Egipto e incluso el cristianismo. Fueron los griegos quienes le dieron un sentido teórico y religioso a la música con fines terapéuticos. Pitágoras la dotó de un sentido matemático paralelo al número áureo y propuso la “música de las esferas” considerando que el universo guardaba un sentido armónico, y concibiendo a la música como la medicina del alma. De igual manera fue el caso de Aristóteles y Platón, quienes consideraban que la misma influía en los estados anímicos y siendo el primero quien proponía el uso de determinadas armonías para atender diferentes situaciones. En la Edad Media (S. VI-XV) , San Isidro describía como el cuerpo humano y las emociones se regían por la armonía y en la Edad Moderna (S. XVI-XVIII) Ambroise Paré consideró la música como mitigante de enfermedades como la gota y la ciática y Robert Bruton mostró que las fibras del cuerpo humano reaccionaban a la música. Por su parte, música de personajes como Farinelli, Tomas Capian, Johann Sebastian Bach y Johann Gottlieb Goldberg fue utilizada contra la depresión y como mitigante de otros estados anímicos.
Es en la Edad Contemporánea (XIX- actualidad) que se generan diversos estudios científicos que dan lugar a la musicoterapia, consolidada después de la segunda guerra mundial, al ver los efectos de la música en estados anímicos y de salud de los soldados heridos. Sin embargo, ya se habían experimentos al respecto en el tratamiento de enfermedades mentales, estados anímicos y enfermedades como son los de Edwin Atlee, Samuel Mathews, Dominique Esquirol, Blumer y Corning, Hyde y Escalpino, Cardela Ardid, Fríase y Raoul Husson, Juliette Alvin y Alfred Tomatin, entre otros. Asimismo, la pedagogía musical comienza a considerar las relaciones psicológicas con personajes como Karl Orff o Edgar Willems, quien a su vez propone el término de educación musical, que difiere de la instrucción, al tener en cuenta la naturaleza de carácter humano.
La musicoterapia es una especialidad consolidada conductivaconductista, que concibe que la música, al ser un medio de comunicación asociativo que integra y transmite, se puede utilizar en la búsqueda de mejoría física, emocional y mental mediante la exposición de los sujetos a la misma, considerando que sus efectos repercuten en diversas dimensiones de las personas como son el físico, cognitivo, emocional y espiritual, así como se destaca el hecho de que su variedad permite atender distintos aspectos y su capacidad comunicativa abre nuevos canales de expresión. Por su parte, existe la sonoterapia que es considerada una terapia vibracional, basada en el fenómeno de resonancia de Huygens, que actúa a nivel celular mediante efectos energéticos y que funciona mediante la exposición de los pacientes a vibraciones producidas por voces e instrumentos ideófonos y de viento tradicionales aborígenes de diversas culturas, con los fines expuestos anteriormente, pero incluyendo algunas necesidades espirituales y de crecimiento de conciencia. Sin embargo, esta última ha encontrado dificultades en su posicionamiento derivado de seguir las tradiciones orientales y el misticismo, que no tienen cabida en las concepciones occidentales y sus efectos positivos son complicados de confirmar derivado de su naturaleza.
Es innegable que los sonidos repercuten en todos los seres vivos, siendo que incluso la calidad de la leche de la vaca varía dependiendo de su entorno sonoro, así como puede verse el documental de La historia del camello que llora, que muestra cómo la exposición a las frecuencias armónicas puede repercutir incluso en lazos parentales de animales. De esta forma, en los humanos la exposición a determinadas frecuencias sonoras impacta directamente en el sistema límbico, dejando de lado el neocortex, lo que genera la segregación de determinados neurotransmisores. De tal forma que se pueden determinar algunas variaciones físicas corporales como es la generada tras la exposición al ritmo, cuya actividad sensorial está focalizada en la zona bulbar principalmente, y puede llegar a alterar la presión sanguínea, el pulso, funciones cerebrales, respiración, etc. Si es acelerado genera sustancias en el cerebro como la dopamina, endorfinas, oxitocina y estados de euforia. Un ritmo irregular podría sonar alegre, mientras que uno monótono triste. Por su parte, la melodía impacta principalmente a nivel emocional, evocando recuerdos; a mayor variación en la misma, mayor alegría podría atribuir, y a la inversa mayor estado de aflicción. La armonía afecta principalmente en la dimensión cognitiva-mental y espiritual, siendo que la disonancia puede afectarlo generando ansiedad. El tono por su parte es una cuestión de resonancia física que se percibe principalmente en los pulmones, el corazón y el abdomen; los tonos graves tienden a percibirse melancólicos, por su parte los agudos tienden a afectar al sistema nervioso y contracturas musculares.
Dentro de la tonalidad, aunque generalmente las mayores son concebidas como alegres y las menores tristes, estos estados dependen de su contexto cultural. El volumen por su parte tiende a la euforia en altos niveles (con cierto límite) y a la intimidad a bajos; notas agudas a bajo volumen tienden a generar bienestar y alegría, sin embargo, a altos volúmenes generan altos niveles de estrés y alerta, lo que resulta funcional para movilizar masas. Las notas graves a bajo volumen inducen a la pasibilidad y relajación, sin embargo, a alto volumen, producen miedo o terror. Finalmente, el silencio también afecta generando incertidumbre, pese a que es imposible estar en el silencio absoluto.
La música puede adquirir muchísimas significaciones tanto a nivel individual como social, lo que ha permitido su análisis no sólo como práctica cultural, sino incluso como parte conformante de la misma. La visión antropológica del estudio de la música en la cultura ha permitido salir de la concepción de la musicología, dando mayor relevancia el contexto en el surge la misma, sus funciones y usos, que será un tema que se abordará posteriormente con mayor profundidad. Si hablamos de que precisamente este carácter emocional es el que genera colectividad en la música, podríamos decir que los efectos subjetivos que ocasiona la música derivan en los comunales. Finalmente, considero relevante la profundización y evaluación de si las repercusiones de la música en los estados anímicos y de salud de las personas se encuentra ligadas al origen cultural de las mismas. Probablemente una pieza musical o sonido no represente lo mismo para individuos pertenecientes a distintos grupos sociales, esto aunado al sistema de creencias y experiencias de cada uno, por lo que quizás la profundización de las repercusiones MIP deban ir aunadas también directamente al contexto cultural.
Bibliografía
Cross, I. (2010). La música en la cultura y la evolución. Epistemus. Revista De Estudios En Música, Cognición Y Cultura, 1(1), 9–19. https://doi.org/10.21932/epistemus.1.2700.0
Nettl, B. (2005). “Music and That Complex Whole: Music in Culture” en Bruno Nettl, The Study of Ethnomusicology. Thirty-one Issues and Concepts. EUA: University of Illinois Press.
Aquae. (2021, 13 mayo). La neurociencia de la música - Fundación AQUAE. Fundación Aquae. https://www.fundacionaquae.org/entrevista-miriam-albusac/
Jauset, J.(2008). Música y neurociencia: la músicoterapia. Editorial UOC.







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